...ya pasó.
7 de enero de 2011
30 de diciembre de 2010
¿?
Ruido de maquinas y motores. Olor a resina y gasolina. Motosierras en el frescor de las mañanas estivales. Así por toda la Sierra. Acciones tan incomprensibles como inútiles. Pasó agachando la cabeza, concentrándose en el pedaleo, intentando no pensar en otra cosa más que en su esfuerzo con la certeza de que nunca llegaría a entenderlo.
23 de diciembre de 2010
Universo
Si algo de bueno tenía su trabajo era su intimidad. Disponía de un pequeño cuartucho anexo a uno de los laboratorios, olvidados como el resto de instalaciones situado en la planta baja del edificio. Administración y Gerencia ocupaban las “zonas nobles” en la planta alta. Si alguien venía a “visitarle”, cosa que ocurría una o dos veces a la semana, tenía tiempo de sobra desde que oía sus pasos por la escalera de mármol del vestíbulo. El lento paso del reloj era contrarrestado por un alto nivel de independencia que, además de permitirle organizarse el trabajo y el tiempo a su medida, le proporcionaba libertad añadida en sus costumbres y modos de actuar.
Al principio se sintió hasta cómodo en su pequeña ubicación. Adoptó el cubículo como su inframundo. Con el paso de los meses se hizo más fuerte en él. Cuando bajaba algún superior lograba vencer su timidez y responder cualquier posible insinuación sobre su trabajo o sobre su rendimiento. Atrincherado en su mesa se sentía capaz de casi todo y sobre todo se sentía confiado. Rara vez subía a las plantas superiores y, cuando lo hacía, se apresuraba rápidamente a volver, bajando al trote las escaleras como el buceador que se queda sin oxígeno y busca imperiosamente la superficie.
Pronto las rutinas diarias fueron adquiriendo un mayor peso específico, otorgándoles una importancia excesiva que rallaba la paranoia. Ante tanto vacío, la red se convirtió en su desahogo, en su válvula de escape. Visitaba siempre las mismas páginas en el mismo orden cronológico. A pesar de disponer de libertad total de visitas su lista de favoritos rara vez crecía. Sus límites los marcaban las webs de sus escasas aficiones y rara vez visitaba nuevas páginas con contenidos distintos. Sus correos personales cada vez tenían menos mensajes. Su móvil rara vez sonaba. No tardó en darse cuenta de que su encierro laboral iba más allá de lo meramente físico. Se puso a pensar en la gente que había conocido en los últimos años y se asustó al ver que era muy poca. Demasiada poca. Cada día que pasaba en su puesto se aislaba más y más. Se había convertido en una sombra de sí mismo. Una sombra que se confundía con el resto del mobiliario en el fondo del laboratorio abarrotado de aparatos inservibles, viejos, caducos. Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando se imaginó dentro de 20 años en la misma habitación, visitando las mismas páginas.
16 de diciembre de 2010
Invisible
Desde pequeño nunca destacó en nada, salvo quizás en eso mismo. Esa medianía se instaló en su existencia llevándole a sentirse ignorado en multitud de situaciones cotidianas. Siempre tuvo esa sensación y como tal siempre pensó que no era más que una sensación completamente irreal y algo obsesiva. Fue pasando de puntillas en su vida académica, en muchas ocasiones deseaba ser objeto de la ira del profesor de turno, ser cuestionado o, al menos interrogado, salir al encerado se convirtió en una gesta digna del montañero más audaz.
Recuerda como en los comienzos de su trabajo acudía a las reuniones semanales con la excitación de sentirse parte de un equipo, una pieza más pero igual de imprescindible que cualquier otra, pronto se dio de bruces con su maldición, él estaba ahí pero no contaba, no tenía su parte de tareas semanales, sus opiniones y sugerencias parecían desvanecerse en el vacío antes de llegar a los oídos de sus compañeros. Llegó a obsesionarse con esas malditas reuniones del viernes por la tarde, en sus pesadillas gritaba en ellas pero de sus cuerdas vocales no se emitía sonido alguno por más que se desgañitara. Pronto buscó cualquier pretexto para evitarlas hasta que finalmente consiguió no ser convocado. Ser físicamente ignorado fue para él un pequeño gran triunfo, una confirmación de sus sospechas iniciales, subir un peldaño más de la escalera hacia el paraíso de la soledad.
Con el paso de los años el cansancio se adueñó de él. Agotado de la lucha baldía contra la corriente. Abandonó la táctica del puñetazo en la mesa. Dejó de luchar. Se dejó llevar. Se acabaron las propuestas, los planes, las reuniones, las conversaciones, las oportunidades. El día a día era un cumplir el expediente para llegar sano y salvo a casa. La táctica del avestruz. La absurda necesidad de esconder lo invisible.
10 de diciembre de 2010
Gus
Cuando abrió la puerta de la cocina alzó la cabeza mirándolo con sus ojos color miel y el morro apoyado sobre el suelo entre las dos patas delanteras.
Como imaginó no se había movido en toda la noche. La desconocida enfermedad lo había dejado prácticamente paralítico, acallando cualquier posible duda sobre la decisión que había tomado aquella misma noche de desvelos.
El animal no dejaba de mirarle sin emitir sonido alguno. Por un único momento llegó a ver en aquel perro algo más de lo que realmente era. Sus ojos parecían decirle que lo comprendía, que no se preocupara, que sabía que había hecho todo lo posible, que era el momento y lo asumiría como siempre lo hacía, con una calma y generosidad infinita.
2 de diciembre de 2010
A Guillermo
…SPV, Twinlock, Pushlock, RP23 Boostvalve, VPP, Horst Link, Poplock, Octalink, UST, Centerlock, Postmount, ELO, Magiclink, Powerlink,, Trueaxle, Tubeless, Platform plus, Direct Drive, Isis link, Stealth, Zero System, FSR, BB30, OST, Megaexo, Ahead, BB-91, GPS, DCR Technology, M5, CR1 Technology, Simón, FPS-2, Propedal, PressFit, X-Glide, X-Dome, Powerlock, Direct Mount, Exact Actuation Tech, Matchmaker X, X-Loc, Eje 15QR, Shadow, Hollowtech II, GigaXPipe, Isis Drive, Servo Wave, ISC System, Nano-matrix, SAVE Technology, PPDS2 System, High module (HM), Ultra High Module (UHM), ABP, Split Pivot, R1i System…
“Pluralitas non est ponenda sine necessitate”
“Las cosas esenciales no se deben multiplicar sin necesidad”
Cada mes, al leer las revistas del sector, se hacía las mismas preguntas
¿Donde vamos? ¿Donde nos llevan?
Sea donde sea la montaña siempre estará ahí, esperándole.
25 de noviembre de 2010
Bichos (I)
Sentado bajo una enorme encina centenaria, defendiéndose del implacable sol de julio, esquivaba como podía la sesión vespertina de nudos marineros, imprescindible en cualquier campamento veraniego que se precie. Con la mente ausente en mil pensamientos, por supuesto mucho más importantes que enrollar cuerdas sobre sí mismas, escarbaba cansino entre la arenilla en busca de Jacintos de Compostela, ansiado trofeo mineral para todo adolescente con aspiraciones a buen conocedor de la naturaleza.
La pétrea voz del jefe de campamento le hizo levantar la cabeza y volver al mundo real “Todos los animales han sido creados por Dios y tienen una función en la Tierra”. El motivo de tal aseveración teológica le pareció en aquellos momentos totalmente intrascendente. Tan sólo recordaba a aquella figura de mediana estatura que sobrepasaba ampliamente los cincuenta, fibroso, vestido con camisa y pantalones cortos caqui, como recién salido de un viaje espacio-temporal de los años 40, pero sobre todo era su voz de tono recio y seguro, altivo y sentenciador la que permanecía grababa en su memoria.
Y, por una vez en su vida actuó sin pensar, los músculos de su lengua se anticiparon a las conexiones sinápticas de sus neuronas aún en proceso de maduración. Sin ni siquiera levantar la mano preguntó: “¿Y qué función tienen las hormigas?”. “Pues las hormigas sirven para limpiar de restos el suelo, ya que se dedican a llevarse todo lo que puede servirles como alimento a sus hormigueros y así dejan el monte limpio para que podamos disfrutar de él todos los hombres”.
A pesar de sus 13 años recién cumplidos apercibió la autocomplacencia del jefe de campamento ante su acertada respuesta a la irrelevante pregunta lanzada por el infante. Aquel, con ese comentario decidió dar por concluida su clase magistral de etología y reanudar la tediosa sesión de nudos marineros, convencido de su importante papel como formador de futuros hombres de provecho.
Siempre recordaba agradecido ese momento porque esas sabias palabras le sirvieron primero para reafirmar su total ateísmo y, segundo para interesarse, si cabe todavía más, por esa infinidad de seres diminutos que pueblan nuestro mundo.
Ya desde pequeño sus retinas se inundaron de infinitas imágenes de grandes mamíferos predadores y presas, aves rapaces criando polluelos o escualos provistos de espectaculares filas de dientes. Parecía como si no existieran otros seres vivos. La megalomanía animal desde el punto de vista antropocéntrico. Se preguntaba por qué era más importante salvar al oso pardo que a Parnassius apollo. Hastiado de la enésima gacela Thompson devorada por el guepardo de turno, decidió empaparse todo lo posible sobre esos habitantes del inframundo, casi a los pies de la pirámide alimenticia. Apercibió la presencia casi ubicua de invertebrados por doquier, tanto en ambientes urbanos como rurales. Sin necesidad de grandes desplazamientos, descubría en cada piedra o charca un microhabitat distinto, accesible y tremendamente adictivo. El ciclo de la vida en directo, sin tener que esperar al documental semanal de Félix.
Se encandilaba observando las aparentemente anárquicas formaciones de las hormigas, descubrió que si seguía a una de ellas individualmente su ritmo era incesante y alocado, pero si se alejaba y tomaba un “plano general” de la hilera, siempre existía un orden caótico, pero orden al fin y al cabo, en el que se cumplían los objetivos marcados. Pasaba largos ratos siguiendo la trayectoria de las miguitas de pan que el mismo aportaba a la formación y no dejaba de asombrarse de las enormes cargas que portaban sin esfuerzo aparente.
Recuerda como todos los domingos siempre al llegar a la caseta subía el primero hacía la piscina para descubrir antes que nadie todos aquellos desafortunados seres que habían sucumbido ahogados a lo largo de la semana, con la esperanza de salvar a todo aquel que todavía se mantenía con vida. Con suerte recolectaba lepidópteros, odonatos variados, arácnidos de gran tamaño desde escorpiones hasta licósidos, como la temible araña lobo, que eran atraídos por el frescor hacia una trampa mortal.
Confeccionaba trampas con sábanas y luces a las que acudían multitud de polillas con alas de magníficos diseños y discretos colores junto a chinches y donde siempre hacía acto de presencia la inquietante mantis, formidable depredador que, para él, dejaba a la altura del betún al cansino rey de selva.
18 de noviembre de 2010
Ahogo
Ahogo: Aprieto, congoja o aflicción grande.
Buceaba sumido en sus rutinas y pensamientos, olvidándose de algo tan importante como respirar. Se encontraba a gusto, acomodado en ese medio antinatural para él, sabedor de lo efímero del momento buscó la vertical para tomar impulsó mientras sus pulmones procesaban el escaso volumen de oxígeno disponible. La violenta primera inspiración le devolvió al mundo real, recuperados sus instintos auditivo y olfativo para nada anhelados momentos antes ya que les consideraba aliados de la realidad de la que intentaba esconderse.
La capacidad del ser humano para adaptarse a casi cualquier situación o condición es sin duda su mayor logro evolutivo. En ocasiones esa adaptación era tan perfecta que le hacía sumiso y aletargado al cambio. No recuerda en qué momento decidió no recorrer la distancia que le separaba del refugio y permanecer bajo el árbol mojándose poco a poco. Seguro que fue hace una eternidad, quizás toda su vida. El genotipo aplastando al fenotipo, apoderándose de él hasta dominarlo completamente.
Quizá el exorcismo aún sea posible.
11 de noviembre de 2010
4 de noviembre de 2010
Menú
Como cada jueves de los últimos cuatro años robó unos minutos al trabajo para evitar la congestión de vehículos a la hora de comer. Estas últimas semanas unas obras habían convertido la avenida en una calle de un solo sentido lo que facilitaba su aparcamiento junto al restaurante del polígono. Eso le hacía ganar unos preciosos minutos.
Al girar la esquina su vista descendió hacia el cartel que indicaba el menú diario, el trazo firme de la tiza reflejaba la seguridad del que lleva haciendo esto mucho tiempo. Le gustaba leer durante unos segundos los platos, lo que le permitía decidirse en el trayecto hasta su mesa y le evitaba las elecciones precipitadas de última hora bajo la presión visual de la camarera de turno. Evitar la improvisación era una de sus máximas. La improvisación podía llevarle a un arroz pasado o a una tarta reseca incapaz de aguantar el paso de las horas. Por un instante un chispazo interior iluminó su rostro, la combinación elegida era conocida y de su agrado. Empujó la puerta esa sutil alegría se esfumó al comprobar que de nuevo El usurpador estaba ahí. Como las últimas semanas ocupaba su mesa. Se sentó a sus espaldas cual felino al acecho de su presa. Y saludó cortésmente al invasor mientras en su interior maldecía no haber salido unos minutos antes. Desde su posición retrasada era menos visible, lo que le acarrearía una menor atención por parte de las camareras. Por lo menos el menú era conocido. Transitaba por terreno ya explorado. Jugaba en casa aunque no en su lado favorito del campo. Enseguida notó la ausencia de las camareras habituales. Tendría que volver a explicar su bebida y su postre. Palabras baldías pasando por oídos acorazados en horas punta. Afortunadamente el local siempre se mostraba moderadamente silencioso. La maldita crisis apretaba especialmente a finales de mes con un descenso de los clientes del restaurante donde además abundaban los solitarios en mesas solitarias sin otra opción a una conversación más allá del intercambio de frases hechas de rigor con el encargado. Esperando más de la cuenta el segundo, pudo observar que su contrincante degustaba ya el café –solo como no-. Mientras vino de nuevo a su mente la reconquista de su plaza pérdida, sus manos se entretenían doblando hasta el infinito una servilleta de papel de esas cuya finura siempre le hacían plantearse que tuvieran otra utilidad que la que él les daba. Al final siempre resultaba una figura rectangular o ligeramente trapezoidal. No había necesidad para variar. Durante los escasos minutos que duró su pequeño homenaje a Gaff se dio cuenta que había estado ausente con sus pensamientos, pero cuando alzó la vista le tranquilizó observar varias miradas perdidas más. En esto el restaurante era desolador. La ausencia de televisor no daba respiro alguno para la distracción que se limitaba a escuchar conversaciones ajenas de comensales demasiado próximos con los que, con el paso del tiempo, llegabas a tener cierto roce. Tras casi cuatro años de ir a comer una vez a la semana el mayor progreso había sido abandonar el “usted” para dar la bienvenida al “tu”. Datos más íntimos como el nombre o el lugar de trabajo quedaban para futuras incursiones socializadoras para las que no estaba preparado todavía.
La ausencia de flan casero motivo el último contratiempo. El demonio de la improvisación se adueño de sus cuerdas vocales que decidieron construir la palabra pudding. Sus peores presentimientos se hicieron realidad al hincar la primera cucharada y comprobar la sequedad adquirida por la acción conjunta del paso de las horas y de la cámara frigorífica. Se preguntó porqué en el menú nunca se detallaba el postre. Este aparecía siempre de manera genérica como una incógnita Maldita improvisación.
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